02 Agosto de 2011

Identificación negativa en la escuela

La obsesión por el éxito escolar  a que ha llegado este sistema social hiper exigente en el que nos ha tocado vivir, está arrasando con los cimientos de la auténtica educación.

La alegría de aprender a través de la experiencia en cada niño/a, siguiendo sus diferentes ritmos y espacios, poco tiene que ver con la enseñanza normalizada de las escuelas.

Se trata de una adquisición de información y conocimientos acumulativos que convierten a las criaturas en una especie de receptáculos, dónde hay que depositar distintas series de contenidos temáticos que luego tienen que hacer valer con un montón de exámenes.

I – DESCRIPCIÓN DEL PROCESO
La dinámica escolar, con sus presiones y controles agobiantes, no estimula la creatividad de los niños/as, ni les ayuda a ser autónomos, al contrario, se les entrena para que encajen automáticamente en un sistema social altamente competitivo. Esta es la formación adquisitiva, forjadora de una personalidad acorde con las pautas del sistema y no la educación constitutiva del ser humano. La lógica de este subsistema escolar conduce a la separación de los alumnos, según determinadas expresiones externas, basadas en evaluaciones generales, previamente establecidas, dando prioridad a la memoria, al mecanismo de buscar la respuesta que va a obtener mayor calificación, etc.
Esta separación, al no tener en cuenta el coeficiente emocional, el aprendizaje de las relaciones comunicativas y la creación de vínculos (ingredientes esenciales para el ser y la vida), lleva ineludiblemente a la desvalorización del que no ha rendido o colmado las exigencias previstas o no lo ha hecho al ritmo marcado por la institución (el rápido progreso escolar). Con este proceder, se está ignorando la realidad psicosomática de la diferencia y complejidad de cada criatura, en cuanto a sus pautas de desarrollo evolutivo y a la satisfacción de sus necesidades reales.
Esta desvalorización conduce a la estigmatización culpabilizadora que,  dado el grado de madurez afectivo de los adolescentes que la sufren, es vivenciada como un rechazo, precisamente de las personas o grupos con los que ha intentado identificarse.
Este cuadro, esquemáticamente  esbozado,  constituye una manifestación en toda su crudeza, dentro del ámbito escolar, de lo que en la Criminología Pedagógica se denomina proceso de identificación negativa, cuyas repercusiones en los complejos procesos psicosociales de la adolescencia pasamos a enumerar.

II – REPERCUSIONES
1.-  Robustecimiento del miedo original del educando
En lugar de ayudarles a afrontar este miedo de forma positiva, lo fortalecen, dejando al chaval o chavala afectados desprovistos de la resistencia a los miedos futuros.
2.-  Consolidación del proceso de la desconfianza básica
Esto es debido a que los adolescentes afectados han resentido vivamente una inferioridad configurada y vehiculada por el medio social; en este caso, la institución escolar. En la adolescencia esto supone un daño considerable, dado que la autoconfianza no se ha consolidado aún..
3.-  Daño a la identidad del ser humano
El periodo de la adolescencia se caracteriza por la lucha para obtener y afirmar la identidad propia, reclamando una fidelidad a ella que se prolongará a lo largo de la adolescencia. La identificación negativa, al asignar al ser humano en desarrollo una configuración tremendamente desvalorizadora, anticipando un rol social de rechazo, evidentemente puede minar el proceso natural en el que las pautas básicas de la identidad se fraguan, en medio de las crisis psicosociales de la adolescencia.
Los adolescentes que son víctimas de estas presiones o forzamientos durante su formación en las instituciones escolares, en un primer estadio, experimentan  confusión e incapacidad de digerir y absorber lo que viven: los adultos que en principio ven como figuras referenciales e incluso admiran, les han descalificado y rechazado.  En una segunda fase, al confirmarse o afianzarse la situación, el daño produce asolamiento de la psiquis, al tener que asumir la configuración negativa que se les ha endosado, representando el rol negativo y extraño a su ser auténtico, pudiendo llevarles a la disocialización y  a la exclusión social. Toda esta dinámica operativa constituye un ataque directo a la identidad y dignidad del ser humano en los complejos procesos de su desarrollo evolutivo. Es lo que se ha calificado como tragedia de la pérdida del yo (D. Corkille Briggs: El niño feliz. Su clave psicológica).

III – ALTERNATIVAS
Ante tantas experiencias vividas y reflexiones sobre el tradicional y actual modo de concebir y llevar a cabo la formación en los centros docentes y de ver tantos niños y niñas que quedan en la cuneta de la autorrealización individual y social cabe preguntarse: Hay una alternativa a todo esto? Hay otro modo más certero y realista de percibir el proceso educativo?
Mi respuesta es afirmativa,  pero condicional. Es posible la transformación, porque en cierto sentido ya ha comenzado. Existen escuelas alternativas, aunque minoritarias, incluso en nuestro país. En el resto del mundo hay centros educativos dónde el modelo es radicalmente opuesto al vigente. Como ejemplo, sólo voy a citar el que existe en Italia, en la ciudad de Reggio Emilia debido al pedagogo y reformador social Malagrozzi,  creador de los jardines de infancia capaces de cambiar la visión que se tiene de la infancia y la niñez, percibiendo a cada niño o a cada grupo de niños como únicos.
El Centre D’Educació Mediambiental Julia” creado en Paterna (Valencia) por iniciativa del KOL.LECTIU DE JOVES DE LA COMA es una apuesta por el desarrollo de procesos educativos alternativos, porque están convencidos de que la auténtica educación es mucho más que la acumulación acrítica y sesgada  de conocimientos, entendiendo que los valores no pueden jamás interiorizarse por los viejos métodos de las presiones  e imposiciones que suponen los premios y los castigos, aunque se revistan con los actuales ropajes del neoconductismo.
Para mi la mayor dificultad en la construcción de una alternativa válida no viene del sistema social  en sí,  sino de su asimilación acrítica por la mayoría del agregado social que tiene internalizados los parámetros de dicho sistema,  entre los cuales está el éxito y la hiperactividad para lograrlo a toda costa. Así se explica como tantos padres incitan a los maestros para que presionen a los niños con objeto de que rindan al máximo y se conviertan en los mejores de su clase. Por tanto, es menester una labor de concienciación de los padres o responsables de estos chavales, para ayudarles a cambiar sus anquilosados esquemas mentales.
Sin embargo, mi percepción es que, a pesar de las dificultades, hay motivos para la esperanza. Estamos en un momento crucial en que se puede apreciar un cierto equilibrio de fuerzas. A raíz de un conjunto de pruebas e investigaciones científicas cada vez mayores, escuelas, profesores, comunidades y familias de todas partes encuentran maneras de tratar a los niños/as no como proyectos de los adultos, sino como seres humanos en desarrollo, para que crezcan más felices, sanos y capaces de dejar su impronta en el mundo.

(Gerardo Miguel López Hernández es criminólogo clínico y formador de educadores del medio abierto).

 

Fuente: 
RIZOMAR
Créditos Fotografía: 
cowboy_montgomery. FLIKR
Por: 
Gerardo Miguel López Hernandez

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