05 Septiembre de 2015

Robo de un bebé

Destacado: 

La Ley de Protección Jurídica del Menor es clasista, penalizadora y burocrática

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Ocurrió en la Comunidad de Madrid. Una joven madre y su bebé de 15 meses fueron arrancados con violencia por el Instituto Madrileño del Menor y  la Familia (IMMF).

Y lo hicieron mediante el documento que aparece en la imagen: aséptico, anónimo, con apariencia técnica. La separación duró 4 semanas pero fueron una tortura para las dos. Finalmente, los burócratas reconocieron su error y el sometido a orfandad pudo volver al amparo de su madre; no antes de movilizar a miles de madres en todo el mundo a través de Internet.

La joven madre estaba alojada en el centro para mujeres "Marian Suarez" de la Comunidad de Madrid. Ella pensaba que en este sitio la iban a ayudar a salir adelante con su hija pero lo cierto fue que se puso en el foco de unas miradas profesionales  inquisidoras, acusadoras, abanderadas como las legítimas defensoras de la crianza correcta, la condenaron como mala madre.
La arrebataron a su bebé  porque no obedecía al programa de habilidades maternales que ese centro se tiene impuesto, porque la imponían una psicoterapia y a una  psicoterapeuta que no aceptaba,  porque daba el pecho al bebé con reglas que solo ella y su bebé decidían, porque protestaba las normas, porque no era dócil a los requerimientos, es decir porque no se sometía al orden institucional, porque su personalidad, asustada y desorientada, era incómoda al Reglamento y a sus celadores, finalmente porque no la soportaban ni la sabían tratar.

La institución tenía en ese momento que haber reconocido el conflicto, asumir los mutuos límites y buscar soluciones nuevas; pero lo que hizo fue reaccionar con omnipotencia y sadismo contra la madre y su bebé.

Decidieron echarla, pero no podían hacerlo con el bebé: ¿qué hacían con él? Y ahí la ley de Protección Jurídica del Menor y su burocracia les brindó su psicópata estrategia: un informe por aquí, una llamada de teléfono por allá, un contacto en los servicios de tutela, un listado apabullante de meteduras de pata de la chica… todo, por acumulación creó un monstruo…. al que entregan en bandeja de Informe a unos burócratas camuflados en las oficinas centrales que en la distancia y en la ignorancia decretan la retirada de tutela y la bebé de 15 meses recluida en un centro de menores y la madre, ese mismo día, a la calle.

No podían argumentar maltrato, tampoco desamparo, ni siquiera era fácil demostrar  negligencia a una madre que mostraba un vínculo y un cuidado intenso por su hija. Pero tampoco era necesario. Bastaba con acumular una cadena de opiniones, interpretaciones, suposiciones, exageraciones, temores, prejuicios y difamaciones, y que por acumulación crearan una madre deforme. Si la madre tiene un tono de voz elevado, estresa al niño; si le da de comer a poquitos cuando le apetece, maleduca; si madre y bebé se duermen vestidos, es prueba de su carácter desdeñoso y abandonista; si en el centro baja a por tabaco y deja a la niña en la habitación con la puerta cerrada, demuestra negligencia; pero si baja a por tabaco y la deja en su habitación con la puerta abierta, demuestra negligencia.

El Edicto apela a una llamada "inestabilidad mental" de la madre, pero no tanto para referirse a un trastorno psicológico, ya que esa denominación no significa nada y carece de rigor científico, es más, en el expediente no aparece ningún informe psicológico de la madre, sino para echar mierda. "Inestabilidad" y "mental" suenan feo, y eso es lo que importa, que parezca que hay cosas turbias detrás de esta madre.

Aducen falta de recursos económicos y de apoyo familiar, y ahí se revela el clasismo de la Ley que ampara todo esto y de los que la sirven: madre pobre y sola, madre sospechosa y condenable. Porque esas carencias no interpelan a la entidad tutelar a promover ayudas que mejoren las condiciones de vida para esa madre y su bebé. Eso no sería negocio sino gasto social. El itinerario o protocolo conduce a que madre y bebé pasen a ser usuarios de servicios-empresas y sometidos a un programa de beneficios y sanciones, incluida la retirada del hijo. Se le condena por ser pobre y estar sola, se le condena a la no-maternidad.

La ley de protección de menores tiene un trasfondo clasista porque acaba interviniendo primordialmente sobre la mujer sola, pobre y enferma; es penalizadora porque investiga, acusa y condena con mentalidad represiva, con adorno de servicio social pero con el poder de dejar huérfano al niño y estigmatizada a la madre; y al ser burocratizada puede ejercitar ese poder institucional con la frialdad, dureza emocional y distancia óptima que caracteriza las instituciones psicopáticas.

Con la ley actual, la tutela acaba siendo un abuso, primero te amenazan con quitarte al hijo, te chantajean, te imponen el sometimiento a sus dictados y, finalmente, si no te sometes castigan al hijo dejándole huérfano y a la madre castrada maternalmente.

Visita el blog que se creó en apoyo a su lucha

 

Fuente: 
RIZOMAR
Por: 
Luis San Juan

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